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El milagro de Loiola (Borja Lastra)

Maite Darceles 09/06/2011

Sobre una experiencia de transformación, relatada por sus protagonistas.

Grumaleko laukotea

Desde el corazón de Gipuzkoa, desde el valle del Urola, 4 azpeitiarras nos regalaron el pasado viernes un subidón de moral y de adrenalina.

Nos sentimos absolutamente contagiados de la pasión con la que Juan Mari, Iñigo, Koldo y Gotzon expusieron el proceso de transformación que están impulsando en Grumal, S.L. ¡Nos dejaron “agrumados”!. Evidenciaron que la alegría es un gran motor para avanzar.

Tras las dos sesiones anteriores en las que habíamos debatido ampliamente sobre los procesos de transformación organizativa queríamos “ver y sentir” alguna experiencia en acción para entender en la práctica cómo se pueden impulsar estas propuestas. Y la verdad es que todas nuestras expectativas fueron ampliamente desbordadas por la fuerza y la “fe” con la que estos 4 ilustres convencidos explicaron sus vivencias.

Mucho más que lo que contaron, fue cómo lo hicieron. Se les salía el corazón en cada una de sus intervenciones. Nos llevaban ventaja pues ellos la semana anterior ya habían estado “disfrutando” de lo lindo preparando su presentación. Comentaron además que al hacer el esfuerzo de recoger la historia de este último año se habían dado cuenta de la profundidad del cambio experimentado desde que el pasado 23 de abril celebraran una jornada de reflexión colectiva en Loiola para afrontar con crudeza la difícil situación económica a la que se enfrentan, con riesgo de cierre forzado por falta de liquidez y rentabilidad.

Pero vayamos al principio. Grumal nació del impulso de 4 personas allá por 1.978 y tuvo un crecimiento espectacular, llegando , en sus buenos tiempos a ser más de 300 personas.

Desde setiembre de 2007 ya empezaron a notar los efectos de la crisis que llegaba y se produjo una caída espectacular de ventas, resultados y personal en plantilla que ha puesto en riesgo su supervivencia.

Por una serie de conjunciones astrales en octubre de 2009 llegó a Grumal una suerte de profeta en esto de la apuesta por otras formas de hacer empresa que es Elias Pagalday. Y así suave suave empezaron a ocurrir cosas, al principio imperceptibles pero que manifestaban que la forma de hacer las cosas empezaba a cambiar.

Y así se fueron sembrando las condiciones para que el 23 de abril unas 40/50 personas (de un total de 180), con la facilitación de Alfonso Vázquez, se reunieran en un hotel anexo al santuario de Loiola para hacer una especie de catarsis sanadora. Se trataba de regalarse un día para sacar de las tripas y poner voz a todos aquellos elementos que habían posibilitado el éxito de Grumal en el pasado y aquellos otros elementos que habían propiciado el fracaso actual. Había licencia para decirse de todo, para sacar todos los trapos sucios, mostrar las vulnerabilidades, para cuestionar todo… y para luego adquirir el compromiso de no perder fuerza ni energía en el pasado sino en lo nuevo que deseaban construir entre todos y todas.

Hubo mucha sinceridad y se pudo expresar todo aquello que necesitaba ser dicho para poder liberarse. También hubo bastante consenso en el diagnóstico. Un elemento muy significativo que afloró es que muchos de los factores que habían facilitado el éxito en los momentos iniciales eran los que estaban lastrando el presente. Había que soltar aquellas mochilas que aunque fueron útiles ya no lo eran.

En gran medida aquel “glorioso” día sirvió para desactivar el pasado y empezar a generar complicidades en un colectivo que o creía en sus propias posibilidades o estaba abocado a la desaparición.

Otra de las cuestiones clave fue constatar que dado que los conflictos ocurren la mejor receta es afrontarlos abiertamente para buscar cauces de solución.

Percibieron que la base del nuevo proyecto que entre todos querían alumbrar tenía que ver con generar lazos de confianza basados en la transparencia, la honestidad y la generosidad, donde todas las personas están al servicio del colectivo y del proyecto común.

Así que emulando a Argiñano compusieron su propia receta para el cambio cuyos ingredientes declarados han sido: 30 gramos de Debate, un chorrito de Cambio, 2 tazas de Autonomía, Cuestionamiento abundante, Dimensión humana, al gusto, 1 manojo de Conflicto, Licor Jerarquía, 1 pellizco de Sensación de Caos, 2 litros. de caldo de Participación, ½ kg. de Complicidad, 3 ud. de Rapidez, 4 claras de Conocimiento y 2 yemas de Confianza.

Y sobre todo mucho arte y paciencia para ir dando vueltas a todos los ingredientes para que compacten una buena masa

Han renunciado a convencer a nadie de la bondad de estas propuestas, más bien se trataba de invitar a recorrer de forma colectiva este camino. Y así se ha ido produciendo en paralelo tanto un cambio en la mentalidad de las personas cómo un nuevo diseño de la arquitectura organizativa basada en la creación de unidades con dimensión humana que se apropian de su propio trabajo, que se responsabilizan de procesos completos con significado en función del cliente o mercado al que se dirigen, y que tienen la libertad de reaccionar de manera autónoma ante cualquier oportunidad interna o externa que se presenta.

Y es que aunque parezca paradójico el hecho de que la información fluya “sin control” por parte de nadie permite que los conflictos y las oportunidades se puedan gestionar en el momento en que s e detectan. Más o menos dijeron que en vez de temer al caos hay que entrar en él para buscar la forma de superarlo.

Otra de las ideas que expusieron tenía que ver con generar espacios para que aflore lo que hay: el potencial de las personas, los espacios para comunicarse y compartir, los problemas… Así nos hablaron de los hazitegiak (los semilleros) donde todas las personas identifican problemas que detectan para tratar de cosechar soluciones que los eliminen a través de los Ereile taldeak, o sea grupos autónomos de resolución de problemas.

Muchas ideas, muchas propuestas, muchas anécdotas…pero sobre todo mucha alegría. Como nos contaba Gotzon en nuestro interior conviven dos lobos que pelean entre ellos: uno simboliza el optimismo y el otro el pesimismo, y siempre gana aquel al que más alimentamos. ¡Así que a aplicarse el cuento!. Cada situación complicada esconde una oportunidad con tal de que así lo creamos.

Al ir concluyendo expresaron que al principio el proceso era inimaginable. Además están sorprendidos por la velocidad a la que los cambios se han ido sucediendo. Este proceso que ellos denominan “ lo de Loiola” les pone… las pilas, les ha sacado de su zona de comodidad y, lo que es mejor, les está permitiendo disfrutar de este apasionante viaje que se sigue reescribiendo en cada paso.

¡Gracias al cuarteto de Grumal por su generosidad! Seguro que gracias a ellos disfrutaremos un poco más de este fin de semana de Carnavales observando que los disfraces que veamos no son tanto una máscara que oculta la cara sino la oportunidad que nos damos para aflorar alguna de las caras que también tenemos por dentro.

Eutsi goiari!


Fuente: Servicio de Innovación 2.0

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