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Foro de Impulsión Comarcal de Oñati

Alfonso Vázquez 27/12/2005

El día 25 de enero de 2006 se celebró la asamblea informativa del Foro de Oñati. Este es el documento de intenciones. Una experiencia de sumo interés.

Proyecto de Asociación para promover un desarrollo humano y sostenible, local y global, gracias a una ciudadanía activa

Oñati, Diciembre 2005

Los hombres aislados no tienen por definición ningún poder… El poder surge entre los hombres cuando actúan juntos y desaparece cuando se dispersan … Sólo donde los hombres viven tan unidos que las potencialidades de la acción están siempre presentes, el poder puede permanecer en ellos

Hannah Arendt

En los últimos meses un grupo de personas hemos reflexionado sobre los problemas y sobre el futuro de nuestra comunidad local en el mundo convulso que nos ha tocado vivir y que cambia y se transforma de manera veloz y hemos llegado a la conclusión de que para adaptarnos a esas transformaciones que se producen en nuestro entorno próximo y remoto y para promover un desarrollo humano y sostenible, local y global, junto a la Administración y a otras instancias políticas y económicas, es necesaria, cada vez más, la presencia de una sociedad civil fuerte, articulada y activa. Para asegurar esa presencia proponemos la constitución de una Asociación abierta a todas las personas.

Necesidad de la ciudadanía activa

Exponemos en estas líneas nuestra visión sobre la necesidad y sobre el papel que esta ciudadanía activa, unida en torno a una Asociación, podría jugar en nuestra comunidad local, entendiendo que nada es definitivo y que sería la práctica, la acción, la que nos enseñaría el camino y nos señalaría como podemos contribuir a la construcción de un mundo un poco mejor.

Es necesaria la emergencia del trabajador del conocimiento para asegurar nuestro nivel de vida material y los derechos sociales

  • Un desarrollo humano sostenible significa, en primer lugar, un nivel de vida material decente y un empleo digno para todos, porque el empleo es el principal mecanismo de inclusión social y la principal fuente de derechos sociales en nuestra sociedad. Esto significa una economía y unas empresas competitivas y creadoras de empleo. Además, si se asegura esto será más fácil garantizar la sostenibilidad de la seguridad social y la gratuidad de servicios públicos esenciales como la sanidad y la educación que son grandes inventos éticos de la sociedad en la que vivimos.
  • Se piensa que ese bienestar económico y esos derechos sociales son cosas definitivamente adquiridas pero no es así, ese nivel de bienestar material depende decisivamente de la capacidad competitiva de “nuestras” empresas en los mercados internacionales y también de la capacidad competitiva de otras actividades igualmente importantes en la vida local como son los servicios, el sistema educativo, el pequeño comercio o la hostelería que están sometidos igualmente a una tensión competitiva que, en este caso, se libra en un entorno mas cercano.
  • Esto siempre ha sido así, pero lo que es nuevo, y lo que tiene que ver con la ciudadanía activa, es la emergencia de un nuevo tipo de trabajador, el trabajador del conocimiento, cuya contribución y cuyo protagonismo se hace cada vez más necesario para asegurar esa competitividad empresarial y mantener a flote nuestra sociedad.
  • De un modo simplificado este fenómeno emergente podríamos explicarlo así: hasta hace dos o tres décadas, el mundo empresarial se organizaba según un modelo de producción monoproducto rígido; se producía en masa, productos poco diferenciados, con tecnología conocida, para grandes mercados emergentes en la fase expansiva del ciclo de vida de los productos; la transformación del producto constituía la parte más importante del valor añadido y en ella se concentraba el empleo; la organización del trabajo se basaba en una doble división: una división horizontal (parcelización de tareas) y una división vertical (concepción/ejecución). Los trabajadores, la mayoría de las personas, eran solo mano de obra, un recurso físico más. La competitividad empresarial descansaba en la eficiencia productiva que dependía del capital físico, y de los costes laborales más moderados. Este modelo, aunque en declive y con rasgos más o menos atenuados, sigue aún presente en nuestro tejido empresarial.
  • En el último cuarto de siglo comienza el cambio hacia un nuevo modelo competitivo. Distintas fuerzas objetivas y subjetivas impulsan el proceso de transición: el estrechamiento progresivo de los grandes mercados de bienes standard de consumo duradero, cada vez más saturados, y la disminución de las ventajas de costes laborales con respecto a países del entorno afectan a la rentabilidad de las grandes firmas que inician el camino hacia un modelo de producción flexible que tiene distintos rasgos: diferenciación de productos, producción de pequeñas series, descentralización de la producción en unidades de negocio, rapidez de respuesta a cambios de la demanda y máxima atención a las preferencias del cliente, puesto que se ha perdido el antiguo dominio de la firma sobre el mercado.
  • En el nuevo modelo de organización las cadenas de montaje y los trabajos mecánicos y rutinarios dominados por el ritmo que impone la máquina o el cronómetro se automatizan y van desapareciendo y el nuevo trabajo se inmaterializa. En la nueva cadena de valor añadido las actividades de investigación, concepción, diseño, publicidad, etc. se convierten en decisivas en la medida en que son ellas las que confieren a la mercancía cualidades que la hacen única y diferente. El trabajo de transformación material pierde relevancia o incluso, a veces, se externaliza. Por otro lado, apoyados en la revolución científico–técnica emergen nuevos sectores, los que distinguen nuestra era: la biotecnología, el software informático, la farmacia, los nuevos materiales, las industrias culturales… que se caracterizan precisamente por ser intensivas en creatividad y conocimiento.
  • De todas esas tecnologías son las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) las que tienen una mayor relevancia, no solo porque constituyen un sector en rápido crecimiento, sino sobre todo porque con su difusión imprevista y masiva, se abarata extraordinariamente y se universaliza el acceso a la Información que es la materia prima de esa actividad inmaterial. Pero esa materia prima no tiene ningún valor en si misma, necesita de personas capaces de interpretarla y darle un sentido para convertirlo en conocimiento, en innovación, en algo que añada valor y, naturalmente, cuantas más personas así tenga una organización mayores serán sus posibilidades de éxito. Por tanto, en el nuevo modelo competitivo emergente el factor de competitividad fundamental es el conocimiento o, mejor dicho, los trabajadores del conocimiento, que son los que generan y usan ese conocimiento.
  • Ahora bien el trabajo del conocimiento es de una naturaleza cualitativamente diferente al trabajo físico de la empresa tradicional, en esa empresa el ritmo de la máquina o de la cadena de montaje se encargan de extraer su energía o su habilidad manual al trabajador, en cambio, no hay ningún mecanismo coercitivo exterior para extraer al trabajador del conocimiento el fruto de su trabajo intelectual, éste por su naturaleza misma debe ser, necesariamente, voluntario.
  • Y para lograr esa voluntariedad de los trabajadores/personas es necesaria una transformación radical de la organización jerárquica tradicional. Es preciso encontrar una nueva relación de la organización empresarial con el trabajador: asociarlo a la definición de proyectos compartidos, darle poder de decisión, reconocerle su autonomía, respetar su individualidad como persona, reconocer sus méritos, en resumen, situarlo en el centro de la organización empresarial, solo así darán éstos lo mejor de si mismos. Y si no se produce esa transformación de las organizaciones empresariales ese potencial caudal de innovación masiva se perderá.
  •  Ahora estamos en una situación ambigua y transitoria de coexistencia de ambos modelos competitivos. Al mismo tiempo el reto que plantea la mundialización de la economía a nuestras empresas y a nuestra sociedad es cada vez mas manifiesto. Nuevas grandes potencias económicas que trabajan con costes muy inferiores y que han emprendido con fuerza la carrera de la innovación emergen en los mercados internacionales. En este contexto entendemos que la supervivencia y el futuro de muchas empresas puede estar amenazada y que es necesario apoyar, resueltamente, la transformación de las organizaciones empresariales y el protagonismo de los trabajadores del conocimiento para asegurar nuestro nivel de vida, nuestros derechos sociales y su sostenibilidad.

Emergencia del ciudadano local/global

  • Nuestro nivel de vida material es algo a lo que no estamos dispuestos a renunciar y cuyo progreso queremos mantener. Sin embargo la experiencia prolongada de elevados niveles de bienestar material crea el contexto para que surjan valores postmaterialistas, cualitativos, con sus repercusiones en los comportamientos y en los proyectos vitales de las personas. El “desarrollo humano sostenible” que proponemos como objetivo no se limita al bienestar económico sino que abarca todas las necesidades de la persona humana.
  • El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que ha elaborado ese concepto de “desarrollo humano” revela que las aspiraciones de la gente (¿y que podría ser el “desarrollo” más que las aspiraciones de la gente?) son en gran medida inmateriales, relacionadas con una sociedad más justa, más segura y más humana. Una sociedad que prioriza la educación y el desarrollo de la cultura, cohesionada social y políticamente que respeta la naturaleza y es solidaria con los más desfavorecidos. Una sociedad capaz de ofrecer a todos la posibilidad de alcanzar su plena realización como personas humanas. Naturalmente que una base material próspera es indispensable pero desde la perspectiva del “desarrollo humano” ese es un objetivo instrumental y no finalista.
  • Sin embargo, nuestra comunidad local, la sociedad en la que vivimos, aunque ha logrado un progreso económico innegable dista mucho de satisfacer esas aspiraciones inmateriales de las personas. Es una sociedad que no encuentra la solución adecuada a muchos problemas: la educación de los jóvenes no es satisfactoria, tenemos problemas de convivencia, contribuimos con nuestro comportamiento o con el de nuestras empresas al deterioro medioambiental y al cambio climático y nuestra abundancia material coexiste con la pobreza extrema, el hambre, las enfermedades y la violencia ciega en muchos de los países de la cada vez más pequeña aldea global.
  • Son asuntos que inquietan a muchas personas pero normalmente delegamos su resolución en las instituciones políticas, en el sistema educativo o en otras organizaciones especializadas. Ahora bien esa delegación en instancias ajenas data de una época lejana en la que la mayoría de la población era analfabeta, solo una pequeña élite político-económica accedía a la educación y no circulaba la información. En esa situación de falta de información y de conocimiento es comprensible que esa élite educada, que era también la que dirigía las empresas, fuera la encargada de interpretar la voluntad del pueblo y de dar respuesta a los múltiples problemas que planteaba la gestión de la sociedad.
  • Sin embargo en una generación la situación ha dado un giro copernicano: con la democratización y la universalización de la educación y con el libre acceso a la información cada vez más personas tienen una determinada comprensión de los problemas y una opinión y un criterio formado sobre las formas de abordarlos, porque la sociedad del conocimiento no se limita al campo económico-empresarial sino que se extiende a otros ámbitos políticos, sociales o educativos. Eso significa que las personas que, además de trabajadores de una empresa, son también ciudadanos preocupados por los problemas de su municipio o de su barrio y son también responsables de la educación de sus hijos, etc. pueden ayudar a resolver problemas, hacer propuestas innovadoras, influir en uno u otro sentido, y contribuir así al “desarrollo humano” si encuentran los cauces adecuados para realizar sus aportaciones y estímulos para hacerlo en las organizaciones o instituciones correspondientes. No estamos pensando en ciudadanos permanentemente activos, porque no sería realista, sino en personas que se movilizan, dan su opinión y quieren participar y ejercer su influencia en asuntos o proyectos que conocen, les interesan o les afectan.
  • Estamos convencidos de que esa necesaria transformación de las organizaciones empresariales, políticas educativas o sociales y el progreso del desarrollo humano no se producirán espontáneamente, afectará a posiciones de poder establecidas y generará tensiones. Requerirá la emergencia y el protagonismo de los trabajadores del conocimiento en las empresas y la transformación del ciudadano pasivo, ciudadano objeto (consumidor y espectador social) en ciudadano sujeto y actor social.
  • Entendemos que esa transformación mediante la cual las personas expresan su lado cívico en la empresa colectiva que todos compartimos constituye en si misma una dimensión fundamental de la realización plena de la persona humana y satisface necesidades básicas de la personalidad individual.

Funciones de la Asociación.

Hemos apuntado como hipótesis que el progreso material e inmaterial de la comunidad depende de la de la movilización de la inteligencia humana que nuestras organizaciones empresariales y estructuras políticas mantienen en gran medida ociosa. La cuestión sería preguntarse cómo o qué se puede hacer para activar la ciudadanía, movilizar su inteligencia e involucrarla en la construcción social de la comunidad local. Porque ese debería ser en términos generales la función de la Asociación: hacer de catalizador de esa activación de la ciudadanía. Para ello habría que reflexionar en los obstáculos que frenan o bloquean esa participación y conducen a la gente, a comportamientos pasivos y a recluirse en la vida privada, o preguntarse por las motivaciones de las personas para integrarse en equipos o en asociaciones con una finalidad como la que hemos citado. Si descubrimos esos obstáculos y captamos esas motivaciones podríamos, quizá, liberar algo de ese potencial oculto.

Funciones de la Asociación: establecer y mejorar las relaciones, promover un nuevo sistema de valores, reflexión estratégica, apoyo a proyectos autodeterminados, estrategia de comunicación

  • El empeño principal de la Asociación debería ser poner en contacto y mejorar las relaciones entre las personas y las organizaciones y crear contextos que favorezcan procesos de “construcción de confianza”. Porque si hay confianza serán más fáciles de lograr los comportamientos prosociales y cooperativos necesarios para alcanzar los fines de la Asociación.
  •  Al hablar de impulsar el “desarrollo humano” y la “sociedad del conocimiento” estamos en realidad proponiendo una sociedad renovada, que ya está presente de forma embrionaria y que se basa, en nuevos comportamientos y actitudes de las personas. Esa sociedad y esos nuevos comportamientos implican un nuevo sistema de valores que es preciso construir y promover (un sistema que valora y prestigia la creatividad, el espíritu innovador, el deseo de aprender, la aceptación del cambio, la tolerancia, la solidaridad, la asunción de riesgos, la idea de que junto a los derechos sociales también tenemos obligaciones sociales…) y un sistema de valores que es preciso criticar y abandonar y que también tienen presencia en nuestra sociedad (el del conformismo, el inmovilismo, el respeto a la jerarquía, la intolerancia, la indiferencia con respeto a la suerte de los otros, …). Construir un nuevo sistema de valores es un empeño general, de largo plazo, y que concierne al sistema educativo pero también a todas las demás organizaciones e instituciones de la comunidad local. La Asociación podría contribuir haciendo confluir todos esos esfuerzos.
  • La Asociación, a través de sus órganos y de la forma más participativa posible, podría, si así se acuerda, desarrollar una reflexión estratégica. Pensar en el futuro que deseamos para la comunidad local, concretar lo que entendemos por desarrollo humano sostenible, local y global, para saber que debemos hacer ahora, que iniciativas debemos impulsar (pensar en la Misión, los Valores, el Campo de Actuación, los Problemas y las Oportunidades) y revisar periódicamente este pensamiento estratégico que debería adaptarse a la evolución del entorno.
  •  La Asociación, en principio, no señalaría cuales son las prioridades ni propondría proyectos, ni planes estratégicos cuantificados, serían las personas o las asociaciones, los equipos que se formen los que deberían iniciar y desarrollar esos proyectos que, por tanto, no serían externos sino proyectos “auto-determinados”. Ese puede ser un elemento importante de motivación: las personas desarrollan aquellos proyectos que “son suyos”, les interesan y tienen competencias (capacidades) para hacerlo. La Asociación estaría para acompañar, para facilitar, para apoyar, para intermediar, no para decir lo que hay que hacer.
  • Mejorar las relaciones en cantidad y calidad para alcanzar determinadas metas, promover nuevos valores, hacer ejercicios de reflexión estratégica, apoyar proyectos vinculados al desarrollo humano implica dar la importancia adecuada a la cuestión de la comunicación. Este debería ser un aspecto fundamental del quehacer de la Asociación y habría que pensar en una estrategia de comunicación que incluyera, por supuesto, la utilización de las TIC con lo que sería, además, posible conectar lo local con lo global.

Impulsar, apoyar o crear asociaciones o equipos que trabajen a favor de una comunidad local más innovadora, solidaria y democrática

  • Los proyectos para impulsar una sociedad más innovadora, más solidaria y más democrática surgen, normalmente, de la interacción, del trabajo en equipo entre personas que se aproximan físicamente y emocionalmente sobre la base de valores compartidos y de intereses comunes. Esas personas pueden desarrollar nuevo conocimiento o proyectos en áreas donde tienen suficiente competencia para interpretar y dar sentido a la información que poseen y realizar acciones para crear nuevo valor. Estos equipos pueden surgir al margen de las estructuras institucionalizadas, aunque integren a miembros de éstas. El hecho de que las personas y los cauces donde surgen las nuevas ideas o proyectos no sean los “formales”o los “establecidos” puede provocar tensiones precisamente con esas estructuras “institucionalizadas” que pueden responder actuando de freno de las nuevas ideas. En lugar del enfrentamiento las organizaciones (empresas, ayuntamiento, universidad, sistema educativo, etc.) deberían abrirse, ser más flexibles y ofrecer todo el apoyo a estos grupos emergentes.
  •  Apoyo significa, entre otras cosas, compartir información relevante que muchas veces es imprescindible para desarrollar proyectos y puede ser monopolizado por las estructuras “formales”; puede significar también la posibilidad de contactos y relaciones, o incluso financiación. A veces la ejecución misma del proyecto. Todo eso significaría otorgar un cierto reconocimiento o una legitimación a esos grupos “informales” para “desafiar”, de algún modo, al statu quo establecido.
  • En la medida en que en la Asociación estén integradas personas relevantes de la organizaciones (empresas, ayuntamiento, sistema educativo, etc.) que sean representantes de esta idea renovadora de las organizaciones, la Asociación podría asegurar esta función legitimadora y de puente e intermediación entre las estructuras “informales” y las “formales” y equilibrar el poder de la élite empresarial, política y académica con el de esas comunidades emergentes.
  • La Asociación debería crear el clima favorable, contextos que faciliten el desarrollo de estos grupos, apoyarlos, del modo que lo hemos señalado, impulsarlos, incluso crearlos. Existen de hecho un número importante de asociaciones de diversa índole, de comerciantes, de hosteleros, de padres, de jóvenes, de jubilados, ong-s solidarios con el tercer mundo o con los desfavorecidos locales, asociaciones para la defensa del patrimonio artístico, asociaciones de vecinos de barrios, asociaciones gastronómicas, culturales, deportivas, ecologistas, etc. grupos que pueden estar más o menos institucionalizados y pueden existir otros grupos más informales. Ese podría ser un entorno en el que trabajar, aunque el apoyo de la Asociación se centraría en personas, grupos o asociaciones que trabajan en proyectos vinculados al “desarrollo humano sostenible”.

La Asociación como “lugar de encuentro”

En nuestras reuniones hemos hablado también de la Asociación como "lugar de Encuentro". Esto puede interpretarse de formas diferentes pero quizá estamos hablando de lo mismo desde enfoques o puntos de vista alternativos.

  • Una forma es verlo como un entorno que sirve para superar el enfoque parcial que damos a muchos problemas. La innovación económica, la educación, la animación cultural, las cuestiones urbanísticas o medioambientales, etc. son asuntos que reclaman un esfuerzo mancomunado de distintas instancias: administración, sistema educativo, empresas, padres, medios, asociaciones. Se dice, por ejemplo, a propósito de la educación que “para educar al niño se necesita a toda la tribu” queriendo significar que, además del sistema educativo es necesaria la colaboración de los padres, de los medios y de toda la sociedad. Si la asociación logra atraer a representantes de esas instancias y a asociaciones y otros grupos informales sería propiamente un lugar de encuentro donde sería posible hablar, relacionarse, tener conversaciones sobre proyectos que muchas veces tienen ese carácter integral y podría servir para superar el enfoque parcial, sectorial, fragmentario, que damos a muchos problemas.
  • También podría verse como un lugar de encuentro “intergeneracional” (jóvenes/adultos/mayores). El envejecimiento de la población es una tendencia a largo plazo que se manifiesta de una forma cada vez más evidente. Paralelamente, se registra una tendencia hacia la fragmentación de la familia y la disminución de la solidaridad familiar. La combinación de ambas tendencias plantea nuevos problemas sociales (soledad, dependencia, déficit de atención, pobreza, etc. de las personas mayores). Muchos de esos problemas pueden tener un tratamiento local y para abordarlos habría que escuchar la voz de las personas o asociaciones afectadas.
  • También se ha transformado durante las últimas décadas la situación de la juventud. La evolución del mercado de trabajo y las nuevas fórmulas de contratación laboral han retrasado de modo exagerado la entrada de los jóvenes en el mundo del trabajo y cuando, finalmente, acceden lo hacen, muchas veces con contratos precarios que les impiden, hasta una edad elevada, tener un proyecto autónomo de vida y emanciparse de la tutela familiar.
  •  Ello ha podido contribuir a cierto desinterés o desafección de los jóvenes por las instituciones y por la “política” convencional. Pero eso no significa falta de implicación cívica, porque es la juventud, quizá por su impulso vital o por su disponibilidad de tiempo la protagonista de cierta revitalización de la comunidad local con sus iniciativas de voluntariado social, reivindicaciones ecológicas, iniciativas a favor de los derechos humanos, del euskera y de la cultura vasca; es ella, principalmente, la que anima a ong-s solidarias con los países pobres, y también la que impulsa, a veces creando tensiones, iniciativas relacionadas con su propia situación de estudiantes, o relacionadas con sus dificultades de inserción en el mercado de trabajo o con la defensa de sus espacios y formas de ocio.
  • Entendemos que en esta sociedad que empuja hacia la separación entre las generaciones es preciso mantener siempre abiertos los puentes de comunicación, dar la voz también a los jóvenes y apoyarles para que sus proyectos y sus planteamientos se consideren en los foros pertinentes.
  • Otra perspectiva de “la Asociación como lugar de encuentro” puede ser verlo como un intermediario entre personas o grupos que necesitan de un servicio o de una información y personas que pueden ofrecer esos servicios o esos conocimientos. Se trata de casar ideas y recursos o más en general favorecer la relación.
  • Podemos imaginar que esta labor de mediación podría ser muy amplia: algunos jubilados han sido, quizá, empresarios o profesionales y podrían tener una buena disposición para cooperar y transmitir su experiencia a personas que tienen ideas empresariales y necesitan asesoramiento. Profesores de la Universidad podrían también trabajar en empresas y profesionales de las empresas podrían impartir clases en la Universidad. Hay muchas personas que trabajan fuera o residen fuera del municipio y tienen capacidad y conocimientos como científicos, artistas, arquitectos, empresarios o expertos en sectores diversos como medios de comunicación, museística, etc… y pueden ser personas que mantienen un vínculo sentimental con su comunidad de origen y tendrían buena disposición para cooperar con organizaciones, asociaciones o personas del municipio para desarrollar proyectos. También podemos imaginar que miembros de ONG-s o misioneros podrían recabar el apoyo de nuestra comunidad a través de la Asociación. En la nueva sociedad del conocimiento un asunto de gran importancia tanto desde el punto de vista económico como el social es que las nuevas tecnologías y sus inmensas posibilidades lleguen a “todas” las personas y a “todas” las empresas. Hoy en día muchas personas y muchas empresas, sobre todo microempresas, viven al margen de esas posibilidades. La Asociación podría, si tuviera medios, cumplir también con esta labor de intermediación entre la Administración y los ciudadanos y las microempresas, etc. 

La Asociación como instrumento para lograr un “ mayor autogobierno local”

  • También hemos hablado de la Asociación como un instrumento para alcanzar un mayor “autogobierno local”. Pensamos que muchos asuntos que por las regulaciones legales o por repartos de competencias quedan ahora pendientes de lo que se decida en despachos más o menos lejanos, y que afectan o preocupan a la sociedad local podrían resolverse a través de una mayor implicación, movilización, dinamización de la sociedad. Pensemos en problemas como el transporte público, los problemas de la juventud (contratos precarios, orientación profesional, vivienda) la diversificación de actividades para aumentar oportunidades de empleo, la crisis del pequeño comercio y de los servicios… Todos son problemas a los que se puede dar una respuesta (o una parte de la respuesta) desde el ámbito local, si existe realmente una sociedad civil activa y viva.
  • Sin embargo es obvio que hay asuntos que por su propia naturaleza reclaman que sean abordados a otra escala, empezando por la escala comarcal y que reclamaría la cooperación entre distintos municipios. Pensemos, por ejemplo, en el transporte comarcal que exigiría ser tratado a ese nivel espacial. En cambio, para contribuir a la solidaridad con los países pobres, la defensa de los derechos humanos o para tener alguna influencia en decisiones que se toman en instancias más globales pero que nos afectan o nos preocupan tendríamos que hacer parte de esas redes globales. La Asociación también podría fomentar esas relaciones cooperativas y facilitar esa conexión con redes globales.

Algunas cosas importantes para el arranque

El proyecto es bastante intangible. El éxito como en cualquier empresa dependerá de lo acertado de las ideas y de las personas que deban ponerlas en práctica.

  • Si se creyera en este enfoque sería importante la participación de personas relevantes de las empresas, ayuntamiento, universidad, centros educativos, asociaciones, etc. que crean en esta idea renovadora de las organizaciones y que crean en la importancia de una ciudadanía activa.
  • Es importante captar a todas las personas con capacidad de liderazgo, personas que transmitan credibilidad y confianza, que sean buenos comunicadores y que puedan creer en este proyecto.
  • Sería también importante la institucionalización para darle cierta formalidad y asegurar un funcionamiento normal.
  • También debería contar con una estructura mínima de personal para impulsar todo el proceso y unos recursos que procederían de cuotas de los propios miembros de la Asociación.

  Aprender de otros y aprender de la práctica

  •  Hay otras muchas ciudades que al igual que nosotros andan buscando a tientas fórmulas para dinamizar sus sociedades mediante la participación ciudadana para adaptarlas al mundo globalizado. Podemos aprender de ellos, de experiencias cercanas o experiencias de otras ciudades europeas con las que podríamos ponernos en contacto. También podríamos contar con el asesoramiento de Centros de Investigación o de consultoras que conocen perfectamente nuestro entorno y son expertos en esta materia.
  •  Otra idea importante es que es preciso concebir el proyecto como algo experimental, aprender haciendo, aprender de la acción. El propósito es ponerlo en marcha, darle el primer impulso y gestionarlo de modo que pueda funcionar de una forma autoorganizada. 

Jose Luis Abaunz, Ikerne Altube, Kepa Altube, Andoni García, Agustín Laka, José Luis Madinagoitia, Peio Roa, Ernesto Unzurrunzaga, Alfonso Vázquez
Oñati, Diciembre de 2005

 

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