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Personas y Empresas, el sospechoso discurso de la neutralidad

admin 08/03/2013

Nuestro pequeño homenaje al día de la mujer con este bonito artículo que nos ha regalado nuestra amiga Izaskun Merodio

IZASKUN MERODIO *

Iceberg

Reconozco que la adhesión masiva al discurso de “las personas son el valor más importante de las organizaciones” me genera una curiosa mezcla de emociones contradictorias. Me muevo entre la ilusión, el optimismo y la decepción, pasando por la desconfianza hacia los enfoques supuestamente neutrales.

La decepción es obvia: demasiada retórica, operaciones de maquillaje organizacional y cambios de cartel (de jefe de recursos humanos a responsable de personas) que pretenden hacer compatible el renovado discurso con las mismas estructuras empresariales obsoletas, jerarquizadas y compartimentadas. Pero sobre esto hay bastante escrito y más valen un par de citas que mil palabras:

No hemos modificado la esencia de nuestro modelo empresarial, porque ni siquiera nos los hemos cuestionado (...) Así, a la modificación de los discursos no sigue la modificación de las conductas, creándose un ciclo de confusión, escepticismo, cinismo y, en el fondo, desánimo. (Alfonso Vázquez)

A pesar de la retórica actual de la innovación, la creatividad y la diversidad, las organizaciones aún tienden a empujar a sus miembros a la obediencia y a la uniformidad. (Eugenio Moliní)

Por otro lado, me apunto sin dudarlo a defender la necesaria transformación organizacional basada en las personas y creo además que el análisis ganaría rigor y potencial si añadiéramos una mirada feminista y algunos argumentos complementarios.

Tenemos alrededor una muy ilusionante acumulación de diálogos, reflexiones, publicaciones, debates, foros y experiencias cercanas. Sin necesidad de salir del ámbito local y con las disculpas anticipadas por no nombrar todas las referencias importantes, en una rápida búsqueda me he encontrado con las innumerables aportaciones conceptuales de Alfonso Vázquez y con una muy recomendable publicación: Guías para la transformación de Maite Darceles. He encontrado iniciativas institucionales pioneras que apoyan la financiación de estos procesos de cambio: Subvenciones de la Diputación Foral de Bizkaia para Procesos de transformación basada en personas; espacios mixtos de debate y difusión como arbela; consultores organizados en la Red de Consultoría Artesana, quienes, bajo una vocación artesanal, construyen discurso y polinizan para el cambio; empresas que traducen discursos en prácticas y en nuevos estilos de relación (Ner Group); instituciones que recopilan experiencias: “Dinámicas de gestión basadas en las personas”, y un largo etc; suficientes energías alineadas como para ser optimistas respecto al potencial de este enjambre.

Sin embargo, la utilización de las “personas” como categoría o como colectivo homogéneo me produce cierta desconfianza y algunos interrogantes sobre la perspectiva, globalidad, y grado de radicalidad del análisis.

Sin entrar en matices y haciendo un arriesgado ejercicio de síntesis, el discurso de la transformación basada en las personas defiende que, aunque hemos vivido una transición económica hacia la sociedad del conocimiento, muchas de las estructuras empresariales y de los métodos de gestión-dirección siguen patrones inspirados en el paradigma industrial capitalista. La empresa industrial se concibió en un contexto de relativa previsibilidad, en el que, persiguiendo obtener economías de escala, se realizaban grandes inversiones que debían rentabilizarse mediante años de producción estandarizada. La dirección, que diseñaba la estructura empresarial buscando la máxima especialización, planificaba y gestionaba el proceso tomando en cuenta las personas (mano de obra) como el recurso necesario para, junto con maquinaria, materiales, capital, etc., fabricar, transformar y vender en más y mayores mercados.

Esta especialización y separación funcional entre la dirección y la producción, entre el diseño y la ejecución, difícilmente justificable en contextos permanentemente cambiantes y en economías dependientes del conocimiento como recurso principal, sigue sin embargo muy presente en todo tipo de organizaciones (privadas, públicas y del tercer sector) en forma de estructuras fijas, organigramas verticales y compartimentos separados. De ahí, el interés por la transformación organizacional hacia espacios y dinámicas relacionales que propicien el despliegue del conocimiento permitiendo la necesaria vinculación entre intuición, emoción, decisión y acción (quienes deseen profundizar en esta línea disponen de abundante material en Hobest).

A esta reflexión, que supone un cambio conceptual profundo y que exige una revisión consecuente de lo que entendemos por trabajo, por empresa, por productividad y por estilos de dirección-gestión, podríamos añadir algunos argumentos complementarios:

Las empresas fueron diseñadas por hombres respondiendo a su forma de entender el mundo y buscando la satisfacción de sus propias necesidades. Además de suponer un punto de inflexión en el concepto del trabajo (el paso del artesanal al industrial) su aparición estuvo ligada a la división social del trabajo en la que los hombres entraron mayoritariamente a la producción capitalista, responsabilizándose las mujeres de la mayor parte del trabajo doméstico, de reproducción y mantenimiento de la vida. Dos esferas de la economía indisolubles e interdependientes que sin embargo, recibieron una muy distinta atención por parte de LOS primeros economistas y por el propio sistema: mientras el trabajo de las grandes fábricas era estudiado, valorado, contabilizado y remunerado, el trabajo doméstico y reproductivo fue prácticamente ignorado en el análisis económico, invisibilizado, no contabilizado y no remunerado.

Después de casi tres siglos, continuamos arrastrando este enfoque reduccionista y sesgado de la economía que propicia la hipervaloración de los mercados por encima de las necesidades vitales, la ocultación del ámbito doméstico en el análisis económico y la centralidad del trabajo profesional remunerado, convirtiendo esta faceta en el eje alrededor del cual hacemos girar la vida, ajustando y adaptando los tiempos y las prioridades a las necesidades “productivas”.

Pero basta echar una mirada alrededor o una revisión a las estadísticas de usos del tiempo, para saber que mujeres y hombres no vivimos de igual forma nuestras múltiples facetas. Hoy por hoy, en términos generales, los hombres no están asumiendo la parte proporcional de trabajo doméstico y de cuidado que les corresponde, lo que les concede una posición de privilegio en las estructuras empresariales, en el ámbito profesional y por derivación, en el conjunto de la cara pública del sistema.

Centralidad de la vida - Izaskun Merodio

Parece coherente, por tanto, que quienes defendemos la centralidad de las personas en las organizaciones, ampliemos el zoom del análisis, incluyamos la esfera doméstica en el circuito económico global y nos apuntemos a la defensa feminista de centralizar la vida en el sistema, ubicando las empresas, la economía y la política al servicio de la misma.

Los argumentos contextuales a favor de la superación del management tradicional en una sociedad del conocimiento, no pueden obviar las raíces históricas de la desigualdad de oportunidades entre mujeres y hombres ni puede homogeneizar, bajo términos supuestamente neutrales, las necesidades específicas y posiciones diferenciales de mujeres y hombres en el conjunto de la economía.

Izaskun Merodio es economista, especializada en desarrollo local y gestión participativa y colabora en actividades de investigación relacionadas con transformación organizacional favorables a la igualdad de oportunidades.

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Comentarios a este post

Cómo me suena esto que cuentas...

Enviado por Silvia_ncuentra en 08/03/2013 16:19
Comparto la ilusión por todos los materiales teóricos y prácticos que se están generando a nuestro alrededor, sobre experiencias reales basadas en la transformación basada en personas. Siento ilusión, porque me permiten aprender y compartir.
Sin embargo, quiero ponerle un contrapunto crítico sobre el que ya hemos hablado en ocasiones, pero por compartirlo por aquí...: también siento desilusión cuando, ante algunos de estos estos foros y ante algunos de estos profesionales de la transformación empresarial, se genera una mirada de escepticismo cuando se pronuncia la palabra "género" o "mujer". No ven esta reflexión, no la comprenden, y no la quieren comprender. Hay una mirada como de "le estás queriendo buscar tres pies al gato".
Y, como digo, siento desilusión porque a veces se habla de personas y se olvida la verdadera naturaleza humana y de cómo hemos ido modelando, desde la consciencia masculina me temo,un modedlo social-cultural-económico injusto. En el que siempre parecen perder las mismas.
Gracias por tu reflexión escrita, ¡anda que no hemos echado horas parlando al respecto!.

Reacciones y contrareacciones

Enviado por Izaskun en 08/03/2013 17:36
Miradas de excepticismo, comentarios peyorativos, cabezas cerradas que creen saberlo todo sobre el tema... Estoy contigo, decepciona, y más cuando vienen del lado "progre". Recupero una idea que leí no se donde: nos movemos entre el espejismo de la igualdad y la inconsciencia de la desigualdad, osea, primero, ser consciente para empezar a hablar. Y otra idea que escuché de la gran Marcela Lagarde: el feminismo tiene que empoderarse. Tiene miga la frase, eh! pero me viene al caso, por eso de no dejarse llevar por las caritas y los chistes.

Cambio, luego practico.

Enviado por Gonzalo de la Cruz en 08/03/2013 18:11
Estoy de acuerdo en que una cosa es lo que se piensa, otra lo que se dice y otra, que es la que vale, lo que se practica. Recuerdo una gran verdad que debatimos en las sesiones del co-taller, hace ya más de 2 años, sobre los tipos de actitudes frente al cambio transformacional basado en las personas: quienes creen, no creen y, la peligrosa, quien dice que cree, e incluso cree que cree, pero realmente no cree, porque no lo PRACTICA.

Pero dicho esto, nos aplicamos el cuento. Yo prefiero fijarme en los buenos ejemplos e imitarlos, que en los malos (que abundan mucho más) y lamentarlos. Es cuestión de enfocarse en el avance y contagiarlo. Yo, como hombre, y educado en lo "de antes", es decir, machista, analizo mis comportamientos y los reconozco para poderlos cambiar. Vosotras diréis, entonces; no yo, con discursos que los tenemos muy aprendidos.

Bueno, solo quería reafirmar mi compromiso personal. Gracias por vuestras opiniones y por escuchar las mías.

Más consciencia y más feminismo

Enviado por Maite Darceles en 08/03/2013 19:50
En primer lugar, quiero agradecer nuevamente a Izaskun por enviarnos este interesante artículo que hemos podido publicar en fecha tan oportuna.

He empezado a escribir un comentario y el tema da para tanto que solo con uno de los hilitos de la madeja me he empezado a liar y he aprovechado para escribir un post en mi blog que lleva por título el de este comentario: http://maitedarceles.blogsp[…]iencia-y-mas-feminismo.html

Gracias también a ti, Silvia, y a ti, Gonzalo (¡¡cuánto tiempo!!), por pasaros y comentar, un fuerte abrazo

http://blog.consultorartesano.com

Enviado por Julen en 10/03/2013 09:40
En mi caso, creo que un asunto fundamental es que para mucha gente, "no hay problema". Lo he dicho muchas veces: la gente no se cuestiona que la situación merezca un cambio. Ven como "normal" que la distribución de puestos o de tareas sea la que es, porque "es así como tiene que ser". Diosssss, me desespera esta ceguera.
En fin, a seguir dando la matraca :-)
Ánimo, que Zamora no se conquistó en una hora...

Gracias, Izaskun

Enviado por Alfonso Vázquez en 11/03/2013 18:48
Magnífico artículo, Izaskun; oportuno y acertado, mil gracias.
Como apuntas, el trabajo en el capitalismo ha creado una realidad "alienada", que funciona como una cuasinaturaleza, rara vez investigada (salvo por los que un día fuimos marxistas) y, como dice Julen, casi nunca cuestionada. Y esta cuasinaturaleza dobla, como muy bien señalas, la explotación de la mujer: La división del trabajo en la era industrial reserva para la mujer el papel de "reproductora" (de la fuerza de trabajo futuro) al tiempo que el de "mano de obra" de reserva, en condiciones de semiesclavitud. El mismo concepto de "proletariado" de Marx contiene este significado: A diferencia de otras eras -fueran la esclavitud o el feudalismo- el capitalismo declara "hombres libres", con capacidad para contratar, a los obreros, cuya única propiedad es la "prole", su herencia futura para seguir alimentando la cadena productiva; y el agente reproductor es, efectivamente, la mujer, cuya retribución, se supone, está contenida en el salario del proletario (por recuperar fuerzas para ir a trabajar al día siguiente y por mantener, más mal que bien, a mujer e hijos).
Sin embargo, tengo serias dudas de cómo se puede abordar este lacerante tema. Bienvenidas sean todas las iniciativas por la igualdad, que comparto y aplaudo. Pero hay algo más: Frente a las interpretaciones del "marxismo vulgar", Marx sostuvo que el proletariado nunca podría vencer al capitalismo, porque es parte de su misma lógica -no existen el uno sin el otro-; es decir, tendría que inmolarse como clase para que algo nuevo aconteciera. Y con las discriminaciones de género pasa algo parecido: Son consustanciales al sistema de dominación, de modo que se pueden amortiguar, pero sólo aboliendo el sistema se podrán liberar.

Transformación-es

Enviado por Izaskun en 13/03/2013 09:17
Tirando del hilo de consustancial, está claro que el sistema está construido sobre la discriminación, pero también es cierto que dentro de la historia del capitalismo hemos vivido avances (mejor dicho, conquistas) muy significativas para las mujeres. Por otro lado y para desgracia de muchas, el patriarcado no es monopolio capitalista, está extendido entre sociedades industrializadas, rurales, postmodernas; convive con diferentes culturas, religiones, sistemas económicos y políticos variados… así que, aun en el supuesto de tener la llave para abolir nuestro sistema capitalista, la discriminación no terminaría ahí, osea, está crudo el asunto.

Y a pesar del panorama, volvería al inicio, al margen de cambio que sí está en nuestra mano, al potencial de hacer converger ideas, acciones y emociones colectivas en múltiples procesos de transformación, personales, organizacionales… en plural suena como más asequible.

Que interesante la plática, lástima que no nos veamos las caras… vamos a tener que recuperar una idea que rondaba por ahí sobre juntarnos con un cafecito y sacarle chispas a todo esto de la decepción, la conciencia, el darse cuenta, el compromiso, la cuasinaturaleza… intentamos?

Tienes razón

Enviado por Alfonso Vázquez en 14/03/2013 22:22
Sí, Izaskun, tienes razón en lo que dices y reivindicas, sin lugar a dudas (al menos, para mí). Considero ejemplares los avances que las luchas contra la discriminación han conseguido, en campos como el género (no me gusta la palabra, pero bueno...) y en otros, y espero y deseo que sigan produciéndose. Te comentaba que el capitalismo "dobla" la explotación de la mujer en su división del trabajo y de la vida, ya que en épocas anteriores los papeles de todos estaban rígidamente asignados a un destino superior, fuera el amo o el feudo. En el capitalismo se supone que los "contratantes" son libres, lo que crea una opresión más sutil, más difícil de percibir...
Y, con toda mi admiración a las luchas por la emancipación y la igualdad, de las que he formado parte humilde, siempre recuerdo (cosas de la edad) aquel planteamiento de los Panteras Negras: Para abolir la discriminación tienes que universalizar la raza (lo que hemos hecho los "blancos", por cierto). Es decir, para abolir la discriminación de género, tendremos que conseguir que la especie sea mujer (como ahora es "hombre"). Al Papa Luciani le costó la vida una declaración, poco difundida, que a mí me pareció muy interesante: "Dios es mujer".

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