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Tiempos de cambio para la Educación: Desestructuración creativa

25/09/2003
— archivado en:

Alfonso Vázquez | Lanbide, nº 22, Hetel | Octubre 2003

Revista Lanbide, nº 22

Revista Lanbide, nº 22


Autor:
ALFONSO VÁZQUEZ
Editado en:
Lanbide, nº 22, octubre 2003, Hetel
Incluye en más idiomas:
  • Aldaketa garaia hezkuntzan: desegituraketa sortzailea
  • Changing times for Education: Creative Destructuring
Contenido del artículo:

ALFONSO VÁZQUEZ  Septiembre 2003

 La transformación fundamental de nuestra era viene dada por la conversión del conocimiento en el factor masivo de producción. Al ser el conocimiento un atributo estrictamente personal – inseparable de la persona– y que sólo se reproduce en la cooperación libremente deseada, este se mueve –digámoslo así- con el individuo y sus sociedades (a diferencia del trabajo industrial, en el que el trabajador “pertenece” a la máquina en las horas de trabajo). Por tanto, la producción invade todo ámbito vital al tiempo que la vida invade el trabajo, ya que, por expresarlo de forma un tanto caricaturesca, la persona y sus medios productivos son, literalmente, inseparables. Y aquí encontramos ya una primera contradicción: Nuestras estructuras de organización del trabajo, de poder y de propiedad están asentadas sobre las bases de la producción industrial, sobre el alquiler de la fuerza de trabajo. Y el conocimiento, como potencia personal que se expresa en la cooperación de lo social, no puede ser “poseído” por ningún ente jurídico.

La formación no es ajena a esta contradicción; más bien, se sitúa en la clave de bóveda de la transformación que genera. En efecto, en la medida en que la formación recorre el plano entre el ser y el llegar a ser del trabajador y del ciudadano, se encuentra en el “ojo del huracán” de la batalla que se libra entre el conocimiento masivo como forma de creación –y, por tanto, de construcción libre del futuro y las estructuras de propiedad y poder asentadas en el paradigma de la era industrial. El epicentro de este conflicto consiste en decidir si el conocimiento social, cooperativo, se convierte en fuerza de creación, y por tanto, de transformación, o bien es controlado, absorbido y reconducido a las estructuras de poder establecidas.

Esta contradicción, ya expresada en el final del siglo XX, emerge con toda potencia en los acontecimientos del siglo XXI, evidenciada por conocimiento como protagonista del proceso de producción –tanto material como subjetivo-, el profesor (y más claramente, en la educación secundaria, universidad y formación profesional), trabajador del conocimiento por excelencia, ha tendido a ser proletarizado; es decir, sus tareas han sido fijadas con precisión y repetitividad, sus tiempos han sido diseñados para las tareas y la burocracia del control, sus márgenes de libertad han sido reducidos a la mínima expresión... Es el efecto de la universalización de la educación, al convertirla en una máquina de producción en masa.