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Entrevista a Alfonso Vázquez en Cooperatives de Treball

01/11/2008
Autor:
GEMMA CASAMAJÓ
Publicado por:
Revista Cooperatives de Treball nº 22, 2008
Título en castellano:
"Recetas contra la crisis"
Título en catalán:
"Receptes contra la crisi"
Cooperatives de treball

Cooperatives de treball

Gemma Casamajó: ¿Nos hallamos ante una nueva crisis cíclica del capitalismo o ésta tiene algo de especial?

Alfonso Vázquez: Evidentemente, esta no es una crisis cíclica, hemos vivido otras crisis cíclicas, la de los setenta (ruptura del dominio colonial), la de los ochenta (adaptación estructural y tecnológica) y la de los noventa (reestructuración ante los procesos de globalización), pero podemos preguntarnos: ¿Qué es esta crisis? Porque no es una crisis cíclica, en el sentido clásico del término, sino que, como ya han hecho notar destacados analistas, se “parece” más a la del 29; es decir, al derrumbe de un modelo de desarrollo capitalista cuyas bases eran de barro.

La actual es una crisis del modelo de acumulación capitalista, no una crisis de demanda y oferta descompensadas. Durante veinte años, coincidiendo con el desplome del sistema soviético, nos han dado para vivir la alegría orgiástica del sistema capitalista, basado en la búsqueda del beneficio allí donde fuera más jugoso, lo que ha llevado a desplazarse desde la economía real (o productiva) hacia la esfera virtual del juego financiero, sin referencias –no interesaban, claro- con lo realmente producido. El resultado está a la vista: La burbuja estalla, el dinero ha desaparecido, y los efectos de la crisis arrastran a la economía real hacia una recesión cuyo alcance desconocemos.

G. C. : ¿Qué piensa de las medidas tomadas por los distintos gobiernos?

A. V.: Son muy parecidas a las que se adoptan en el 29, pero no podemos olvidar que la crisis del 29 se prolonga durante toda la década de los treinta, con medidas de los gobiernos que no hacen más que agravarla; por decirlo con un sarcasmo macabro, su “salida” fue la II Guerra Mundial.

Se han inyectado recursos ingentes precisamente en aquellos agujeros que han provocado esta situación, con sus siniestros corolarios de despidos masivos en las industrias, de suspensión de la lucha contra el cambio climático, de suspensión de la ayuda al desarrollo... ¿Quién nos dice que esto no puede volver a producirse, con efectos mucho más, si cabe, devastadores, en dos, tres o cinco años? Estamos amenazados con una catástrofe planetaria mientras nuestros “poderes públicos” acuden al rescate (a “pagar el rescate”) de los especuladores.

No nos dejemos engañar una vez más, el problema de fondo, el dilema que hay que resolver, no es de “economía pura”, sino claramente sociopolítico. Lo que está en cuestión es el sistema que nos ha conducido a tal desastre, mientras mirábamos a otro lado...

G. C.: ¿Qué pueden hacer las cooperativas y, en general, todas las empresas que forman parte de lo que podemos denominar economía real, ante una crisis que no han provocado pero que ya están sufriendo?

A. V.: La crisis actual viene provocada, como he sostenido reiteradamente, por la explosión de la economía del conocimiento (como una economía que contiene en sí misma las raíces de la liberación del trabajo dependiente, de la alienación del trabajo) y las necesidades de revalorización del capital de superar esta “dependencia” (su inmersión en la esfera virtual/especulativa y bélica). De esta forma se activa un antagonismo latente, aunque púdicamente oculto todavía; así como en el 29 el antagonismo se establecía entre patronos y obreros, el antagonismo hoy se establece entre la economía real, la generadora de valor y de riqueza, y la economía financiera/especulativa, que la engulle en sus movimientos especulativos. O, dicho de otra forma, entre la sociedad real y la sociedad virtual del Capital.

¿Qué hacer desde el ámbito cooperativo y, por extensión, desde el ámbito empresarial ligado al “territorio”, implicado en su sociedad? Creo que, al menos, hay dos líneas sobre las que podemos trabajar intensamente.

La primera consiste en generar un nuevo concepto de riqueza (en la “sociedad de la abundancia”, no lo olvidemos) que supere el absurdo al que nos ha llevado el neoliberalismo en su brutal asimilación de riqueza con obtención o consumo de valor monetario (de “valor de cambio”). Entender la generación de riqueza como producción de bienes y servicios, pero también de subjetividades, de cultura, de riqueza inmaterial, de afectos, de solidaridad, de ecología... Para ello, considero imprescindible que nos basemos en el proceso de transformación/liberación del trabajo dependiente hacia un trabajo del “conocimiento”, del pensamiento, el deseo y la acción, ya que sólo de él depende la generación de creatividad e innovación que nos son, hoy en día, imprescindibles. Y de esa liberación depende la generación de la esfera de lo político...

La segunda se refiere a la acción política, pero no entendida en el sentido miope al que ha sido conducida, tras el reaginismo y el thatcherismo, como un elemento secundario, instrumental, al servicio del Mercado. La actual crisis se origina en la política, subordinando ésta a los poderes financieros globales y descalificando como marginales, utópicos o “rojos” a sus oponentes, y debe ser resuelta en el plano, no de redundantes medidas financieras, sino, como recientemente ha dicho Lula da Silva, de la política; pero esta vez, de una política reinventada, de una política innovadora ajena a la mediocridad que nos circunda: En el plano de la biopolítica, de la política de los cuerpos, de los deseos, de los afectos, de la cooperación.

Si las cooperativas son capaces de cooperar entre sí, más allá de factores burocráticos, en una escala generativa de nuevos conceptos y formas de intervención, podrían tener, sin duda, una aportación relevante al devenir de nuestra sociedad.