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Nota sobre «La imaginación estratégica. El caos como liberación» (Lorenzo Cachón)

30/06/2001
Autor:
LORENZO CACHÓN
Publicado en:
Cuadernos Relaciones Laborales, nº 19, segundo semestre 2001
La imaginación estratégica

La imaginación estratégica

LORENZO CACHÓN  2001

La aparición de Le nouvel esprit du capitalisme de L. Boltanski y È. Chiapello (Gallimard, París, 1999), ha descubierto para muchos sociólogos y analistas el gran interés que tiene el estudio de esa literatura que aparece en las librerías dedicada a (el mundo de) la empresa. Pero más allá del pensamiento ampliamente dominante en este campo (que estos autores califican como «modelo de empresa en red» y que Alfonso Vázquez denomina el modelo paternalista-democrático frente al modelo paternalista-autocrático dominante en los años 60 y 70) y más allá de historias de tanto éxito editorial como ¿Quién se ha llevado mi queso? (de S. Johnson), se pueden encontrar textos que son radicalmente (porque abordan las cuestiones desde la raíz) novedosos y que pueden tener un impacto de largo alcance en la concepción y en las prácticas de las empresas y otras organizaciones. Y el libro La imaginación estratégica de Alfonso Vázquez es de esta última especie: un libro radicalmente innovador que está llamado a convertirse en referencia obligada para los que —como es el caso de este crítico— quedan positivamente impactados por sus planteamientos, pero lo será también para sus detractores: que sin duda los tendrá, porque lo que en él se plantea es demoledor para el pensamiento dominante en la gestión de las empresas [1].

Alfonso Vázquez es socio y director de Hobest, una consultora con pocos años de vida que está teniendo una influencia notable en la construcción de lo que este mismo autor ha llamado, en uno de sus libros, El modelo vasco de transformación empresarial (Hobest, 1998). Como consultor, Vázquez ha trabajado en estrategia y organización de numerosas empresas del País Vasco entre las que se encuentran algunas de referencia obligada cuando se habla de cambios en los modos de organización empresarial y de éxito industrial como son IRIZAR (último premio europeo a la excelencia empresarial), URSSA, Arteche, Orona, Ulma y Maier. A esta última dedicó el libro Hobekuntza (Díaz de Santos, 1995), que en euskera quiere decir mejora continua.

Aunque ha publicado cuatro libros y numerosos artículos y es profesor en varios MBA, Alfonso Vázquez no es un académico. Esta negación no va en demérito del libro que comentamos ni de toda su ya notable obra anterior; al contrario: si Vázquez fuera un profesor de universidad, no habría escrito este libro. Pero si este libro fuera la obra de un académico se le podría tachar de visionario y se le podría exigir la prueba de la experimentación. La imaginación estratégica es el trabajo de un filósofo práctico, de alguien que se gana la vida (y —a lo que parece— la disfruta) como consultor de empresas en las que y con las que ha ido elaborando (y sigue produciendo) una manera radicalmente distinta de concebir la estrategia, la organización y la relación de las personas entre sí y con la empresa. El (presunto) juicio sobre el utopismo de sus planteamientos hay que reconsiderarlo: lo inimaginable que se plantea en La imaginación estratégica, no sólo es posible (porque contamos con capacidades inexploradas), sino que es necesario (para sobrevivir en un mundo caracterizado por la incertidumbre, en la sociedad del riesgo según Beck); y no sólo es necesario (en el orden del deber ser) sino que la imaginación estratégica se está aplicando ya (y con éxito: tanto en los procesos como en los resultados) en algunas empresas. Los planeamientos que se exponen en este libro se están sometiendo a diario a experimentación en mercados (abiertos) reales y no en condiciones (protegidas) de laboratorio.

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Publicación en revistas.ucm.es

  • Universidad Complutense de Madrid
  • [1] Valga una anécdota (pero que es mucho más que una «simple» anécdota: es un síntoma): asistí hace un par de años a una mesa redonda en la que participaban, entre otros, Alfonso Vázquez, otro consultor de empresas de la corriente que podemos calificar como dominante y un catedrático de universidad. Tras la exposición de A. Vázquez, el otro consultor dijo estar en desacuerdo con el 99% de lo manifestado por Vázquez. Al catedrático de universidad le parecía que los dos habían dicho —prácticamente— lo mismo. El primero había captado la carga que tenía la exposición de Vázquez. Al segundo todas las palabras le sonaban igual y, sin embargo, las frases (y el sentido y los conceptos) eran distintas. Y tanto.