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Le nouvel esprit du capitalisme y La imaginación Estratégica (Lorenzo Cachón)

01/04/2002

Crítica conjunta a los libros Le nouvel esprit du capitalisme de Luc Boltanski y Ève Chiapello y a La imaginación Estratégica de Alfonso Vázquez. REIS - Revista Española de Investigaciones Sociológicas, nº 98/02, abril-junio 2002

Portada del libro la imaginación estratégica

Portada del libro la imaginación estratégica

LORENZO CACHÓN  Marzo 2002

(...) Desde la atalaya de Le nouvel esprit du capitalisme es interesante leer (o releer) algunos de los libros más avanzados de gestión empresarial. Por ejemplo, La imaginación estratégica, de Alfonso Vázquez. Este autor sintetiza en su historia personal, conjuntamente, algunos de los rasgos que Boltanski y Chiapello atribuyen a la crítica social y a la crítica artista: militante de la izquierda universitaria antifranquista en la clandestinidad desde los años sesenta, comienza a trabajar en gestión de empresas en los años ochenta. Se podría decir que traslada algunos de aquellos ideales de los sesenta y setenta a la gestión de empresas en los ochenta y noventa. Pero es él como actor de ese proceso el que incorpora esas críticas a un contexto nuevo. En la actualidad es socio y director de Hobest, una consultora con pocos años de vida que está teniendo una influencia notable en la construcción de lo que este mismo autor ha llamado, en uno de sus libros, El modelo vasco de transformación empresarial (1998). Ha trabajado en estrategia y organización de numerosas empresas del País Vasco, entre las que se encuentran algunas de referencia obligada cuando se habla de cambios en los modos de organización empresarial y de éxito industrial, como son IRIZAR (último premio europeo a la excelencia empresarial), URSSA, Arteche, Orona, Ulma y Maier. A esta última dedicó el libro Hobekuntza (1995), que en euskera quiere decir «mejora continua».

El libro de Vázquez hace resonar en la memoria el texto de C. Wright Mills La imaginación sociológica (publicado originalmente en 1959): no tanto por el título sino por la radicalidad de la proposición que hace y por la recuperación de cierto ethos de libertad. Mills, en plena euforia de la sociología funcionalista en Estados Unidos, se atrevió a poner sobre la mesa de la reflexión conceptos como razón, libertad, política y «artesanía intelectual». Vázquez, en medio de la orgía del «doble vínculo» a que se somete a los trabajadores en el capitalismo avanzado por parte de los gestores empresariales tipo (motívese usted, participe, coopere y... sea flexible), termina su libro haciendo un elogio de la libertad que pone en cuestión los conceptos imperantes de propiedad y poder.

El planteamiento del libro de Alfonso Vázquez es muy novedoso en su campo: por su arranque a partir de actuales teorías como el caos o los planteamientos más recientes de la física y de la química moderna y por la novedad del lenguaje y densidad de conceptos (entropía, autopoiesis, homeóstasis, redundancia, recursividad, atractores, etc.) en que basa su argumentación. Junto a un selecto (y reducido) grupo de autores de gestión empresarial (Stacey, Hoebeke, Nonaka y pocos más) aparece citado con frecuencia (un tal) F. Nietzsche. Es un libro que discute, justamente, lo que se suele dar por supuesto en los planteamientos más "modernos" de gestión empresarial y que, así, desnuda estos modelos. Vázquez señala que

entender el mensaje del caos significa entender y asumir la existencia de elevados grados de libertad (...) de las personas, los equipos y las organizaciones, de forma que éstos son capaces de autoorganizarse y autorregularse, generando así potenciales insospechados de creatividad. Y esto, obviamente, atenta contra los conceptos imperantes de propiedad y poder, que conforman las asunciones básicas de la teoría de la gestión que conocemos y en función de los cuales decisión y control corresponden a quienes poseen y pueden, por tanto, ejercerlos.

El modelo de organización del trabajo que preconiza es el que califica de sistemas viables, unidades autorreferentes cuyas actividades tienen sentido en sí mismas y tienen significado para sus integrantes: y esto exige que haya un elevado grado de propiedad sobre lo que se hace y sus resultados, y que haya un elevado grado de poder sobre la actividad, sus fines y sus resultados: aquí el recurso no es la persona, el recurso es la organización.

A partir de estos conceptos, Vázquez hace una crítica radical (y corrosiva) de dos aspectos claves de las modernas teorías (y prácticas): la reingeniería (a la que opone como alternativa el concepto de redundancia: la necesidad de la sobrecapacidad) y la planificación estratégica (a la que opone la imaginación estratégica: pasando de la ingeniería a la política). La llamada gestión del conocimiento cobra ahora su sentido pleno: los trabajadores son trabajadores del conocimiento que generan, solos o en equipo, significados nuevos, que es la verdadera creación devalor. Es el fin (real) del taylorismo.

Y contra las doctrinas y las prácticas al uso, Alfonso Vázquez defiende la libertad del individuo como un rasgo fundamental del contrato social propio de este tipo de empresa y la diversidad, la relajación de la cultura (en singular) de la empresa, para enriquecer su capacidad de captar señales de entorno, para tratar con los fenómenos complejos característicos de nuestro tiempo. En resumen, para Vázquez,

las empresas de principio del siglo XXI presentarán una combinación variable de rasgos de empresa actual (la estabilidad y procedimientos de los procesos más rutinarios), de las organizaciones de voluntariado (significado del trabajo y autonomía en su realización) y de instituciones educativas (la empresa como un lugar de aprendizaje continuo).

Si La imaginación estratégica fuera la obra de un académico se podría tachar a su autor de visionario y se le podría exigir la prueba de la experimentación. Pero es el trabajo de un filósofo práctico (como señala M. Ayerbe en el prólogo) que se gana la vida como consultor de empresas en las que y con las que ha ido elaborando una manera distinta de concebir la estrategia, la organización y la relación de las personas entre sí y con la empresa. Por esta razón, el juicio sobre el utopismo de sus planteamientos hay que reconsiderarlo: lo inimaginable que se plantea en La imaginación estratégica no sólo es posible (porque contamos con capacidades inexploradas), sino que es necesario (para sobrevivir en un mundo caracterizado por la incertidumbre); y no sólo es necesario (en el orden del deber ser), sino que la imaginación estratégica se está aplicando ya (y con éxito: tanto en los procesos como en los resultados) en algunas empresas. Este libro es mucho más que espíritu del capitalismo: desborda el carácter preceptivo de los manuales al uso en las escuelas de negocios (que son, fundamentalmente, los analizados en el libro de Boltanski y Chiapello) y puede considerarse (también) el análisis de una experiencia de cambios radicales en organizaciones (empresas) que se está produciendo en el País Vasco.