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La empresa en el paisaje de la vida

01/02/2001
Autor:
CARMEN TOLEDO
Publicado en:
Reseña de La Imaginación Estratégica , LEER, Febrero 2001
Reseña de la imaginación estratégica

Reseña de la imaginación estratégica

CARMEN TOLEDO, Febrero 2001

EL UNIVERSO no es un juguete sencillo  que se explica con un simple manual de instrucciones; y tampoco, o menos aún, lo son aquellos procesos que implican la mano del hombre, esa especie que parece haberse empeñado por siglos en resolver su complicada existencia con un puñado de fórmulas. Alfonso Vázquez, un consultor atípico por reflexivo, integrador e innovador que, hasta la fecha, ha puesto en marcha sus propuestas en el ámbito del  País Vasco, consciente de la complejidad de la realidad, huye de recetas mágicas y apuesta por un modelo de gestión empresarial más acorde con la visión del mundo que las ciencias nos devuelven: si la empresa forma parte de la vida, en ningún caso su organización podrá permanecer de espaldas a nuestra idea de la realidad, que se nos presenta diversa, mutable.

La teoría del caos, proviene de la Física, constituye en La imaginación estratégica, el cimiento sobre el que construir una nueva empresa emergente, adaptada a los cambios, dinámica, en la que el trabajo deje de ser una maldición bíblica para transformarse en una importante actividad de nuestra cotidianidad, enriquecedora no sólo en lo material.

¿Qué propone pues Alfonso Vázquez en La imaginación estratégica y, de forma menos perfilada, en sus libros anteriores como El modelo vasco de transformación empresarial (Hobest, 1998)? En resumen, la necesidad de una empresa capaz  de captar información, interpretarla, decidir, actuar y aprender; una empresa que sepa adaptarse a los continuos cambios que engendran diferentes necesidades y que se aparte de los patrones de planificación y trabajo por objetivos inoperantes, por alejados, del devenir real. Para conseguirlo, se hace necesario un innovador sistema de trabajo dotado de significado y que pasa por la organización en unidades autónomas que desarrollen las tareas en equipos, comunicadas e influyentes entre sí. Sólo la variedad, frente a la uniformidad y la rigidez, puede propiciar el conocimiento:

Multitud de unidades captan e interpretan la información, las señales de su entorno específico y, en el marco de las intenciones corporativas deciden -con un resultado que es- tan complejo como, al menos, la complejidad exterior que trata de absorber e interpretar para poder elegir.

El trabajo ha de tener la capacidad de transformar la realidad (La estrategia tiene que ver con cómo concebimos nuestra particular aportación al futuro) y, para ello, los trabajadores deben sentirlo de su propiedad, trabajar en libertad y adueñarse de los resultados, pues ellos generarán el cambio, no lo soportarán, como ocurriría aplicando el concepto tradicional de dirección. No se trata de una entelequia: Vázquez ha tenido la oportunidad de experimentar su modelo en un importante número de empresas, de cuya experiencia también encontrará esperanzadora noticia el lector de este libro.

Este nuevo contrato social en el que trabajador y empresa se desarrollen mutuamente se hace extensivo, más allá de las fronteras de la aséptica y aislacionista gestión empresarial a la que estamos acostumbrados, al resto de los ámbitos de las organizaciones sociales: la educación, los partidos políticos y el propio sistema democrático, sin perder nunca de vista que sólo en la diversidad y la libertad podremos hallar la brújula que nos oriente hacia caminos más ciertos.

La imaginación estratégica abre una vía humanista no únicamente para conseguir una mayor rentabilidad empresarial –eso vendrá por añadidura-, sino, fundamentalmente, para lograr un mundo mejor poblado por hombres, sin soluciones definitivas, sin piedras filosofales, pero más satisfechos y, tal vez, más felices.

La Imaginación Estratégica