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Mujeres innovadoras

Maite Darceles 26/10/2013

Post en el marco del Foro de Igualdad - Berdintasun Gunea 2013.

Esta semana tuve la ocasión de asistir a otro de los martes de Innobasque bajo ese sugerente título de Mujeres innovadoras. Tanto el tema como mucho de lo que escuché tienen relación con nuestra actividad dentro del Foro de Igualdad de Emakunde, por lo que me pongo a escribir este post y recoger parte de lo que me llevé y posteriores reflexiones.

El acto fue inaugurado por Estibalitz Hernáez, Viceconsejera de Innovación y Tecnología, por el nuevo presidente de Innobasque Alberto García Erauzkin y por una represenante del Banco Sabadell Guipuzcoano que acogía el acto –a quienes debo agradecer la agradable sorpresa que me llevé cuando ya en casa abrí el paquete que acompañaba el material de la jornada para encontrarme ¡una caja de bombones!–. Y el cierre corrió a cargo de Izaskun Landaida, Directora de Emakunde.

Martes Innobasque - Mujeres innovadoras

Hubo intervenciones muy diversas. Desde el mundo académico intervenía Amaia Maseda, desde el empresarial, Ana Belén Juaristi, gerente de Engranajes Juaristi y que ocupa los cargos de vicepresidenta de Adegi y de Confebask, y Cristina Garmendia en calidad de presidenta de Genetrix, sin olvidar su cargo al frente del primer y único Ministerio de Ciencia e Innovación del gobierno español. Esta mesa que llevaba el título de Liderazgo e innovación tuvo como moderadora a Julia Fernández, presidenta de la Asociación de Profesionales y Empresarias de Gipuzkoa (ASPEGI).

En la segunda mesa, titulada La influencia de las mujeres en el ámbito social y moderada por la consultora Azucena Vega, Luisa Villegas explicó la exitosa y reconocida (a nivel europeo) iniciativa Artzai Gazta liderada por mujeres. Estibalitz Sádaba nos hablaba de la iniciativa Colectivo Erreakzioa, de la que es cofundadora y que "surge en 1994 como un espacio generador de contextos en torno a la teoría, la práctica artística y el activismo feminista. El objetivo principal de Erreakzioa ha sido cuestionar la hegemonía de la representación dominante y crear desde contextos de resistencia cultural y política para así generar imaginarios y espacios de empoderamiento para las artistas y las mujeres". Interesante. Y, por último, Ibon Uribe como representante de igualdad de la Ejecutiva de Eudel, además de ser alcalde de Gadakao.

Amaia Maseda nos mostró datos de presencia desglosada de hombres y mujeres entre el profesorado de la UPV. En las generaciones más jóvenes el porcentaje de mujeres supera al de hombres, no así en las generaciones más veteranas donde la presencia de la mujer es incomparablemente inferior. Menos mujeres que hombres se animan a hacer investigación (no es una diferencia significativa) y el 65% de los proyectos de investigación –este dato sí es preocupante– son liderados por hombres. También hay menos mujeres contratadas como profesoras asociadas. La dirección de grupos es mayoritariamente asumida por hombres. Y si bien hay muchas mujeres doctorandas y que leen tesis, sus directores suelen ser mayoritariamente hombres. Maseda justificaba esta situación por el hecho de que la veteranía es un factor importante para asumir cargos de mayor responsabilidad y terminó su ponencia planteando que si dentro de 10 ó 20 años seguimos teniendo estas diferencias en los cargos de responsabilidad tendremos un problema. No sé si lo hizo así desde la buena voluntad de querer infundir esperanza y alegría en lugar de la emoción natural que los datos transmitían, pero supongo que a más de una la lectura nos pareció totalmente insuficiente. El problema lo tenemos ya. Y me viene aquel artículo, cuya referencia no recuerdo, que tras aportar datos de la ínfima presencia de mujeres escritoras en los libros de texto [1], la autora planteaba que se dice que ahora hay una generación de jóvenes escritoras con lo que la tendencia se va a cambiar, pero que desde que recuerda se ha dicho esto y que al paso de unas décadas aquella generación de jóvenes escritoras que auguraban un futuro literario equilibrado dejaban de estar en la palestra como si el viento borrara su huella.

Cristina Garmendia comenzó su intervención precisamente con una anécdota relacionada. Primera reunión del Consejo de Universidades. Reunión sumamente protocolaria en la que antes de comenzar su discurso no puede reservarse el comentario de perplejidad por estar ante un aforo de 75 rectores y únicamente 2 rectoras. Ahora, al parecer, son 4, pero seguimos teniendo un problema.

Y más datos. Informó de que la tasa de actividad emprendedora de mujeres –ya baja– había sufrido un descenso en 2012 del 12% mientras que en el mismo periodo en el caso de los hombres había ascendido un 4%. Y esto nos hace preguntarnos: ¿La mujer está más dispuesta a sacrificar su vida profesional por la conciliación familiar? ¿Recibe menos apoyo y aliento en su contexto cercano para emprender?

Si la media general de mujeres en cargos directivos es cercana al 26%, en las empresas de más de 250 personas en plantilla, el porcentaje desciende –¡ojo!– al 11%.

Decía Garmendia que la innovación, y el emprendizaje, es cuestión de actitud, que no hay sectores innovadores o no, sino personas innovadoras. Que hay que desmitificar todo esto y que innovar no es algo complejo, sino que consiste simplemente en ver "qué más cosas podemos hacer desde lo que somos buenos".

Y algunas vías de avance. Planteó que está demostrado que la paridad en los tribunales tiene efecto en generar mayor número de mujeres seleccionadas.

Las mujeres hacen menos méritos para medrar. No se refiere a que trabajen menos o peor. Contó una anécdota curiosa. En una organización en la que –creo– participaba en el Consejo de Administración se propusieron ocho candidaturas para una promoción: todas eran de hombres, si bien la plantilla estaba bastante equilibrada. Esto les sorprende (de ahí se empieza) y comienzan a analizar el tema para descubrir que uno de los aspectos que puntuaba para la promoción era la opinión de su superior y que ahí contaba la relación de amistad que se hubiera forjado, y ¡tate! los hombres tenían por costumbre salir a tomar una caña después del trabajo, cita a la que las mujeres nunca acudían con lo que no desarrollaban esta relación personal. Una vez descubierto esto, se optó por incluir un factor corrector en las valoraciones, y ya en la siguiente promoción había mujeres candidatas.

Lo primero es desarrollar la sensibilidad que nos permita ver desde las gafas de la igualdad y detectar situaciones irregulares o mejorables; lo segundo, analizar; y lo tercero, diseñar acciones positivas que corrijan las desigualdades que observamos. Y hay que hacerlo así, desde cada realidad, con acciones 'ad hoc'... Las propuestas normalizadoras, estandarizadoras, 'el café para todos' no suelen servir.

Habló también de las cuotas. Si a la pregunta de si tenemos mujeres formadas, capacitadas y dispuestas a ocupar cargos directivos que son ocupados en mayor proporción por hombres, respondemos que sí, que sí las tenemos, porque así es, ¿por qué no pasa que esos cargos sean ocupados de manera natural por mujeres? Algo está pasando que desequilibra la balanza. Y sin embargo, necesitamos el talento femenino, necesitamos ponerlo en valor (esta afirmación fue una constante en toda la jornada). Por tanto, si de manera natural no pasa, las cuotas paritarias pueden ser una medida correctora eficaz, más o menos transitoria.

Contó otra anécdota que me pareció muy interesante. Presentó al Consejo de Administración, para perplejidad de éste, a una mujer embarazada como sustituta para la Dirección General. Pero no hubo ningún problema, salvo esa sorpresa inicial. Todo funcionó perfectamente. En esta empresa hay una parte variable en el sueldo (de monto importante, como el 25%) y en el caso de permisos de maternidad, la retribución variable se logra en función de cómo se gestiona el propio permiso, en el sentido de cómo colabora en la preparación de la persona que la va a sustituir, de su comunicación con ella, de cómo coopera con ella para minimizar los problemas, etc. Esto explica la actitud que se esperaba por parte de la empresa de la mujer embarazada y en disfrute de su permiso y que esa actitud aseguraba que este hecho no iba a suponer un problema en el desempeño óptimo de ese puesto.

Esto me lleva a mi propio caso. Las dos veces que disfruté de un permiso de maternidad, lo hice así, sin desvincularme de mi puesto, no por un motivo económico inmediato, mi sueldo iba a ser el mismo, pero siendo la máxima responsable de una pequeña organización, mi sentido de la responsabilidad no me hubiera permitido hacerlo de otra manera y además no sé con qué me hubiera encontrado a la vuelta... Cuidaba de mi hijo, de mí, pero también, en cierto sentido, de mi trabajo y de las personas que se encargaban de sustituirme.

Actuar así también me hacía sentirme con todo el derecho para adoptar medidas de conciliación adaptadas a mi nueva situación y no sentir ningún sentimiento de culpa profesional (permitidme la expresión) por ser madre, sino de libertad para tomar esta decisión cuando quisiera, y nunca, en el mundo totalmente masculino en el que me movía, digo nunca, percibí ninguna reacción negativa por encontrarme en ese estado, todo lo contrario, al fin y al cabo, muchos eran padres y todos hijos de madre...

Este ejemplo me ha gustado, porque creo que siendo la maternidad algo socialmente tan importante, además de serlo para la mayoría de las mujeres, me preocupa mucho que traslademos la idea de que la empresa concibe incompatibilidad entre la maternidad y el trabajo, generando, por ejemplo, la inclinación de esconder en la mujer su deseo de maternidad cual si fuera un deseo moralmente rechazable y que ha de ocultar ante las personas que pueden decidir su futuro (o no) en la organización [2].

Creo que tenemos que desmitificar esta idea de empresa –monstruosa–, aunque haya casos en los que efectivamente se produzca, y no admitir que sea algo generalizado, para mantener nuestro nivel de tolerancia en un nivel suficientemente digno, para que nos pueda sorprender cuando suceda lo que no queremos que suceda y podernos indignar y denunciarlo.

Voy con otro ponente. Ibon Uribe decía que cuanto más se adentra en el mundo feminista más cuenta se da de la profunda desigualdad de la sociedad. Nos habló de la inicitiva Virginia Woolf Basqueskola, para el empoderamiento de las electas a través del coaching y la comunicación y reflexión de sus propias experiencias. Interesante. Y haciendo una crítica al texto de invitación para este evento, más publicitario que riguroso, planteó que la mayor igualdad deriva en mayor madurez democrática que tiene su efecto en una mayor competitividad y ésta en el bienestar. Yo añadiría también que si entendemos el bienestar en un sentido amplio y social (hace mucho que venimos cuestionando que la renta media per capita no es suficiente como indicativo del bienestar de una sociedad) la mayor igualdad también genera directamente mayor bienestar, genera bienestar directo en la mitad de la población y también en todos aquellos hombres sensibles que se sienten mejor y funcionan mejor en una sociedad igualitaria.

Hubo otras muchas ideas interesantes pero me estoy alargando mucho... También hubo preguntas sugerentes. ¿Por qué si todos los martes de Innobasque se difunden al mismo colectivo de 5.000 emails, casi todas las presentes éramos mujeres en esta ocasión? En el desarrollo profesional de una mujer ¿hasta qué punto influyen el contexto general, el contexto más inmediato, o las propias limitaciones, miedos, barreras que una misma se pone?

Y esta última cuestión me lleva a reflexionar sobre el concepto de empoderamiento. ¿Qué es el empoderamiento? ¿Es ser consciente de que las limitaciones no están fuera sino en ti o significa sentirte libre y con fortaleza suficiente para reivindicar un derecho y actuar desde tu deseo a pesar de la situación objetivamente discriminatoria o desigual? Y mi respuesta es que es una combinación compleja y recursiva de ambas.

Por último, mientras hablamos de la importancia de los datos segregados por sexo para saber lo que ocurre y detectar anomalías y también de la importancia de visibilizar lo que hacen las mujeres, os cuento que hace unos meses o algún año, me pareció que podía ser interesante generar en wikipedia una categoría que permitiera identificar a las mujeres directoras de cine. Las categorías son lo que aparece en la parte de abajo de las entradas, de manera que clicando en ellas accedes a todas las entradas que comparten la categoría. Pensé que muchas veces hay nombres que no nos resultan familiares y que no sabemos si son de hombre o de mujer y aún más importante que esto, que podría ser muy útil,  a cualquiera que quisiera ahondar en el cine femenino (para analizarlo, visibilizarlo, etc.), ya que le facilitaría muchísimo las búsquedas.

Y me puse a ello. Después de crear la categoría y añadirla a un puñado de mujeres directoras de cine, como primeros pasos, me encontré con la sorpresa de que alguien había deshecho mi trabajo. Tras el mosqueo inicial, fui informándome de cómo funcionaban estas cosas en wikipedia y se abrió un debate (esgrimían hasta razones de género, es decir, que un trato igual exigía no resaltar la cualidad femenina, porque resultaba discriminatorio (sic))... y la jerarquía de los wikipedistas entró en funcionamiento... El caso es que yo no lo conseguí, no me permitieron crear esa categoría. Supe que en la wikipedia alemana habían resuelto este mismo problema con una categoría primigenia de 'mujer' (Frau) a partir de la cual se podían producir todas las combinaciones (directoras, escritoras, etc....).

Cuento aquí esta anécdota porque considero que se trataba de una pequeñísima innovación que podía tener su trascendencia en la visibilidad de la mujer en distintas facetas públicas y profesionales, pero lamentablemente hay muchas personas muy poco formadas (o retrógradas, ya no lo sé) tomando decisiones importantes que afectan a cuestiones de género y que muchas veces pasan inadvertidas...

 

[1] En este otro artículo se aportan suficientes datos de esa invisibilización: Ana López Navajas: "Escritoras silenciadas en clase de Literatura", 30/05/2013, blogs.elpais.com

[2] En este reciente post elaborado para esta misma actividad se refleja esta realidad: Macarena Domaica: "Preguntas intimidantes y tomaduras de pelo", 22/10/2013, Doce miradas


Este post se enmarca dentro de la actividad impulsada por Silvia Muriel, Izaskun Merodio y Maite Darceles en el marco del X Foro de Igualdad 2013 – Emakunde, que se desarrolla del 1 al 31 de octubre.

Consiste en cruzar reflexiones y diálogos entre la transformación organizacional y las aportaciones feministas, utilizando los espacios web www.ncuentra.es y www.hobest.es.

www.scoop.it/t/femin sirve de repositorio. Puedes utilizar el hashtag #begifem para tus mensajes en las redes sociales. Nos encantará que participes.

Comentarios a este post

Impresiones

Enviado por Macarena Domaica en 30/10/2013 13:45
Los ejemplos de desigual representación se cuentan por miles. Los que nos cuentas vienen a engrosar el lote y la rabia que nos da. Respecto a la tasa de actividad emprendedora de mujeres, yo lo tengo claro: la mujer está más dispuesta a sacrificar su vida profesional. Lo que yo me planteo es si lo hace con convicción o con la presión de haber mamado que la crianza es, sobre todo, cosa de madres. Y habiendo niños pequeños emprender es un sueño que no consigue escapar de la almohada. Se te necesita en casa y ya llegará tu momento. Y ahí tenemos la fotografía de una frustración barnizada con la satisfacción de estar haciendo lo que debemos. Definamos deber.

Hablas también de las cuotas, tema tan polémico. Yo pienso que seguras como estamos de que mujeres competentes las hay en todos los ámbitos, y que de forma natural no consiguen reconocimiento ni puestos de responsabilidad, hay que ayudar un poco a corregir el desajuste. Estoy de acuerdo contigo en que las cuotas paritarias pueden ser una medida correctora eficaz, más o menos transitoria.

La actitud colaboradora de la mujer con respecto a la empresa y a la persona que la sustituirá mientras dure su permiso de maternidad, es un regalo. Fenomenal que ocurra así, porque eso revela que entre empresa y trabajadora hay buena sintonía y ganas de resolver en beneficio de ambas partes. Hay una apuesta de la empresa por esa trabajadora independientemente de su planificación familiar y un deseo de la misma de facilitar la transición y para que no se resienta la productividad. Pero yo entiendo que en esta situación tan deseable deberían participar trabajadores y empresas en general; no sólo mujeres trabajadoras. Un hombre puede tener que afrontar una baja larga en el tiempo; hacerlo procurando ocasionar el menor trastorno sería igualmente un valor añadido a ese trabajador. Pero por encima de las buenas prácticas creo que debe estar el principio de igualdad y el respeto a la ley de conciliación. Si se espera que seamos más majas que ellos enfrentando nuestros permisos, porque nos dejan ser madres, hemos vuelto a caer en la trampa, ¿no?

Me parece bien desmitificar la idea de empresa que ve incompatibilidad entre maternidad y trabajo, pero, como dices, esto efectivamente se produce y ¿quién no conoce a mujeres que han perdido sus puestos de trabajo (apelando a razones de productividad, dificultades económicas de la empresa…), o sus responsabilidades, o han visto alteradas las condiciones de su puesto de trabajo? Se están dando pasos importantes en las empresas. Yo creo sinceramente que esto es así, pero nos queda margen aún para indignarnos y denunciar.

Curioso lo que cuentas de Wikipedia… Qué lástima, porque era una buena idea ;-)
Gracias, Maite. Me han parecido muy interesantes tus conclusiones.

Muchas gracias, Macarena

Enviado por Maite Darceles en 01/11/2013 20:22
Muchas gracias, Macarena, por tu extenso e interesante comentario.

Creo como tú que es muy importante mantener el nivel de tolerancia muy bajo, a ras de suelo, con los casos de discriminación por maternidad, o permisos de paternidad (¡que también pueden producirse!). Cuando se produzcan debemos denunciarlos desde la indignación, y no desde la posición de ver cumplida una triste expectativa, es decir, entendiendo ésta como una forma 'normal' de actuación de las empresas.

Y sí que es una trampa eso que planteas de que "se espere que seamos más majas que ellos enfrentando nuestros permisos, porque nos dejan ser madres". Creo que esta actitud de búsqueda de "conciliación real" ha de tener aspiración 'universal' y no suponer una diferencia entre hombres y mujeres. Como dice Alfonso en su último artículo (http://www.hobest.es/[…]/igualdad-o-transformacion) -al menos como yo lo interpreto- la aspiración de igualdad va de la mano con universalizar las reivindicaciones de las mujeres, es decir, hacerlas también extensivas a los hombres.

Seguimos... Un saludo

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